Roberto Guerra, gestor cultural y autor de guía para elaborar proyectos culturales

”Hay que entender la formulación de proyectos como una herramienta y no como un fin en sí mismo”

Directora Regional de Cultura Lorenna Saldías y Roberto Guerrab

Directora Regional de Cultura, Lorenna Saldías, y Roberto Guerra

A Valdivia llegó por una invitación del programa Red Cultura del Consejo de la Cultura y las Artes, ocasión que aprovechó para presentar la segunda edición de su libro “Elaborando un proyecto cultural: guía para la formulación de proyectos culturales y comunitarios” y capacitar a 15 representantes de iniciativas culturales comunitarias de la región.

Roberto Guerra nació en Barrancas, en 1973. Gestor Cultural con estudios en Trabajo Social, es fundador y presidente de la Escuela de Gestores y Animadores Culturales (Egac) y uno de los creadores de la Red Latinoamericana de Gestión Cultural, RedLGC.

Autor y coautor de múltiples publicaciones referidas a la gestión cultural comunitaria, participación ciudadana, proyectos culturales y asociatividad; guía en numerosas instancias de formación –desde talleres a conferencias- en una docena de países de la región.

Colaborador en iniciativas tan destacadas como el Festival de Todas las Artes Víctor Jara, la organización de los Foros de Trabajo Social Chileno y Latinoamericano, los Encuentros Nacionales de Gestores y Animadores Culturales y el homenaje musical “Mil Guitarras para Víctor Jara”, entre otras iniciativas. En los últimos años estuvo a la cabeza de la Corporación Cultural de Recoleta.

A Valdivia llegó para presentar la segunda edición de su libro “Elaborando un proyecto cultural: guía para la formulación de proyectos culturales y comunitarios” y traspasar su experiencia a 15 representantes de iniciativas culturales comunitarias de la región, a través de un taller sobre gestión cultural organizado por el programa Red Cultura del Consejo de la Cultura y las Artes.

Con prólogo de Claudio di Girólamo y arte de portada de Alejandro “Mono” González, en esta segunda entrega Guerra dice haber hecho un “un esfuerzo por fortalecer el sentido y reducir la distancia entre ideas y acciones, buscando posibilitar el acceso de los artistas, gestores y organizaciones culturales a los recursos para concretar sus iniciativas”, hecho que no lo aparta de la motivación original al momento de crear el texto en 2012.

“Cuando escribí el libro fundamentalmente lo hice con dos objetivos: contribuir a que sobre todo los agentes culturales de base, aquellos que hacen gestión cultural independiente en los territorios, aquellos que son los más desprovistos de herramientas en algunos casos y también los más desatendidos por la política pública, mejoren sus competencias para formular proyectos. Y el segundo objetivo fue sistematizar mi propia experiencia”, comenta.

“Tenía mucha experiencia para compartir”

El libro son poco más de cinco años de trabajo, de mucha lectura, de mucho viaje por Latinoamérica, y entonces me permitió contrastar con experiencias en terreno, en capacitaciones, en relatorías, en diálogo con colegas de la Red Latinoamericana de Gestión Cultural…Era entonces poner en un contenedor todas esas experiencias, esas reflexiones, la formación, las lecturas, y generar una material que, me propuse, fuera de fácil lectura, ameno, ante todo útil, pues me interesaba que se entendiera, que se lea.

—¿Por qué esa preocupación especial por los agentes de base?

Hay una profunda inequidad de acceso a los recursos entre los agentes que tienen altas competencias para formular proyectos, por tanto acceder al financiamiento, y quienes no las tienen. Entonces a mayor competencia, más factible ganarse los proyectos, por tanto quienes no la tienen ven imposibilitado o al menos dificultado el acceso a los fondos. Hay allí un objetivo ético-político.

—¿Qué es lo que determina el estilo de su libro?

Claudio Di Girólamo destaca en el prólogo el uso de ejemplos concretos para explicar y no tener que recurrir a la ficción.

Me encanta mucho que gente muy distinta –una artesana mapuche, gente de población, artistas, académicos- destaque que el libro es muy liviano de lectura, que es muy fácil de digerir, de entender, para mí eso es un premio al esfuerzo. Me propuse también hacerlo en un español neutro y aunque el libro se ha presentado en Nicaragua, en México en dos oportunidades, se entiende en varios contextos. Tiene ejemplos que son universales, trata de no tener chilenismos, está pensado desde Chile pero con perspectiva Latinoamericana.

—Además de intentar reducir la distancia entre práctica y teoría, ¿qué otros cambios tiene esta segunda edición?

Hay una relectura general del texto, el prólogo de Claudio Di Girólamo y la portada del maestro Mono González, que para mí es un honor. Hay una ampliación de contenidos, crece el glosario de 160 conceptos, incorporé algunos derivados de la ley de Participación Ciudadana, el crowdfunding relacionado con el financiamiento en el ámbito de la cultura y también las modificaciones a la ley de Donaciones Culturales. Es una guía, que tiene menos de manual, pero yo lo entiendo como un trabajo conversado, muy dialogado, que de acuerdo a tu interés puedes ir a un capítulo u otro.

—Han pasado tres años desde la primera edición, ¿qué cambios identifica, particularmente en la realidad chilena, en cuanto a la gestión cultural?

El sector cultural ha cambiado, se ha densificado, ha crecido, hay más infraestructura, más financiamiento, más agentes que se reconocen, se ha diversificado por tanto el escenario cultural. Hay tensiones que se mantienen, hay una crisis profunda en materia de gestión pública respecto a la participación ciudadana, una noción instrumental de ésta, más cercana a la entrega de información que al empoderamiento.

—¿No está bien entendida la participación ciudadana?

La gestión pública, entiéndase el Estado, los servicios, los municipios, cumplen con informar tarde y mal, es decir, cumplen con la norma, pero es una información de muy mala calidad y muy inoportuna, y si hay una condición básica para participar es la información, ahí hay un tema.

¿Qué otras situaciones identifica?

Hay cambios importantes, hoy día estamos ad portas de la creación del Ministerio de las Culturas, subrayo la s, porque fuimos muchos los que peleamos para que fuera incorporada, pues daba cuenta de mundos que no estaban contenidos, la diversidad cultural en síntesis.

En estos tres años también hay emergentes, que han ido saliendo pero muy tímidamente y pobremente incorporados como son la gestión cultural comunitaria, las prácticas culturales de base, hay ahí un tremendo mundo. Yo estoy convencido de que es el sector de mayor volumen dentro del campo cultural chileno, pero es uno de los más maltratados. En síntesis, es un campo dinámico, en tensión.

—¿Se puede hablar de claves al momento de elaborar un proyecto cultural?

Fundamentalmente tres. Primero, la premisa de conocer para actuar. Es imposible pretender modificar algo si no se conoce. Así como el médico ausculta el paciente y trata de entender lo que le está pasando, en el ámbito de la intervención social es lo mismo. Yo no puedo pretender modificar culturalmente lo que está aconteciendo en un territorio si no lo conozco. Tiene que ver con el diagnóstico, con propuestas pertinentes, acordes a cada contexto y a cada necesidad.

Lo que resultó acá, no necesariamente lo hará allá. Y lo segundo diría que es entender la formulación de proyectos como una herramienta y no como un fin en sí mismo. Si no lo entendemos así vienen cosas como la proyectitis, la falta de especificidad laboral o profesional, el que hoy somos ecologistas, mañana somos microemprendedores, después somos artistas, al fondo concursable que viene le aplicamos y nos olvidamos del sentido.

—¿Y la tercera clave?

Yo diría que es relevar el sentido, y eso es el propósito profundo por el que estamos trabajando, es lo que orienta las búsquedas. Porque el proyecto, entendiéndolo como una posibilidad de sistematizar una información para hacer algo, en definitiva tiene que tener claro ese algo, qué busca conseguir, con quiénes va a actuar, qué quiere modificar. Si ese algo está claro, todo lo demás sale natural. Ese propósito debe estar muy a la vista y se trata de un proceso permanente de búsqueda, de problematizar, preguntar, cuestionar, vincular. Hay varios procesos allí que hay que gatillar.

—Y en estas búsquedas y procesos, ¿qué importancia tienen los territorios, su identidad y los gestores locales?

Absoluta. Yo entiendo la gestión cultural como una posibilidad de transformar desde la cultura la comunidad, en un ejercicio de diálogo de trabajo conjunto, y en eso las organizaciones, los gestores, los artistas, quienes trabajan y conocen los territorios, tienen allí mayores posibilidades de conectar con algo que marca la diferencia.

En la medida que esa conexión se establece entre un agente cultural, un mediador que puede ser un gestor, un animador, con la necesidad de intereses comunitarios, tenemos el inicio del romance, lo que va a permitir que se genere la confianza y que se den la condiciones para poder actuar.

—¿Es muy necesaria esta relación de confianza?

Si hay algo que hemos aprendido quienes trabajamos en el ámbito comunitario es que lo principal es la confianza, de decir con claridad qué es lo quiero, qué es lo que voy a hacer, que tú me creas y que juntos podamos construir algo. Eso es quizás lo más difícil de construir y de reconstruir cuando se daña o se rompe, por cosas que no se hacen, por cosas que se dicen y no se ejecutan, por proyectos que terminan mal.

En eso los gestores culturales tienen un tremendo papel de dinamizar y de entenderse al servicio de eso. Puede sonar romántico e incluso desde una perspectiva muy militante, que en parte quizás la tiene, pero es válido preguntarse que si el gestor cultural que trabaja en barrios no se debe a la comunidad, ¿a quién se debe entonces?, ¿para qué trabaja?, ¿para sí mismo? Porque si trabaja para sí mismo, váyase mejor a una institución, a una corporación, a una sala de exposiciones, donde no tiene que rendirle cuentas a la comunidad.

Cuando uno trabaja en comunidad está disponible para lo positivo y para los conflictos, los que se viven colectivamente y a los que se buscan soluciones también colectivamente. Yo me imagino, y lo digo por experiencia propia, que el gestor cultural se debe a esos procesos, tiene que intencionarlos, tiene que empujarlos, la participación no pasa sola.

Dónde conseguir el libro: despacho por internet a todas las regiones.

Visitar la página www.egac.wordpress.com, escribir directamente al correo egaccultura@gmail.com o buscar en Facebook por “libro elaborando un proyecto cultural”.

Delicia Jaramillo Reuque – Encargada de Comunicaciones Región de Los Ríos

Consejo Nacional de la Cultura y las Artes | Gobierno de Chile