Entra en funcionamiento proyecto pionero de Albergue móvil en Concepción

Lo que ayer parecía un desafío muy difícil, hoy se ha convertido en una hermosa realidad. El lunes 15 de mayo, a las 11:30 horas, en plaza Independencia, se realizará el lanzamiento y bendición del Albergue Móvil “La Misericordia”, que a juicio del arzobispo de Concepción, monseñor Fernando Chomali Garib, será “poner la luz de Cristo, en el centro de la ciudad”.

Se trata de una iniciativa pionera, porque no existe un símil en ninguna parte del mundo; en Estados Unidos, hay baños móviles y en España peluquerías móviles. Este albergue  es una propuesta para acoger a los más pobres y excluidos de la sociedad, que prácticamente “viven” en la calle y que pernoctan en los aleros de los edificios o en los rincones de las galerías comerciales de la ciudad.

De acuerdo un catastro nacional, el año 2011, más de diez mil personas vivían en situación de calle, en Chile; seguramente, el último Censo poblacional actualizará los datos. La mayoría está concentrada en la región Metropolitana, en Valparaíso y, en tercer lugar, en la región del Biobío, con más de 1.000 personas.

Mediante planes y programas públicos y de la Iglesia Católica, buena parte de esta población recibe algún tipo de apoyo en albergues establecidos, en Concepción y Talcahuano, pero existe un número importante que no va a los albergues y queda en total indefensión en las calles, sufriendo las inclemencias del tiempo durante el día y la noche.

El año 2015, el Arzobispo de Concepción impactado por esta dura realidad, lanzó la idea y la compartió con algunas instituciones, empresas y organizaciones sindicales. La propuesta tomó forma, luego que la empresa de buses Hualpén donara una máquina y la Escuela de Diseño del Instituto Profesional DUOC UC realizara los planos y transformación del bus en un albergue rodante. A esta iniciativa se fue sumando el apoyo de los sindicatos de trabajadores de la usina de Huachipato y de los Astilleros y Maestranzas de la Armada (ASMAR) de Talcahuano, además de aportes de empresas y particulares.

En términos generales, el albergue tendrá cuatro camas, dos baños, un estanque con capacidad de 1.600 litros de agua, suficiente para al menos 12 duchas por jornada y un espacio para servir alguna comida. Contará, además, con placas solares para captar energía que se usará para iluminar el albergue durante la noche. Junto con ello, no se han descuidado detalles como la seguridad al interior de la máquina como en su entorno, ya que a menos de 100 metros funciona un retén móvil de la policía (Carabineros).

Para su funcionamiento, se ha planificado un equipo de 3 a 4 voluntarios (as) por noche, entre las 22:30 hasta las 07:30 horas del día siguiente. El bus permanecerá inicialmente en el centro de la ciudad y eventualmente en otros lugares según requerimiento. Dispondrá de un chofer y un profesional preparado en “ruta calle”. La Vicaría de Pastoral Social tiene a cargo toda la implementación del proyecto y según el coordinador, Gustav de Pennart, para lograr la participación de voluntarios se diseñó el portal web www.alberguemovil.cl, donde las personas se inscriben e indican el día que colaborarán, lo que ha permitido planificar los equipos.

Para Monseñor Chomali, la clave de este proyecto es “mucho amor” y es hacer vida  el evangelio del buen samaritano, “no tuve donde dormir y tú me alojaste”. Es poner “la luz de Cristo en el centro de la ciudad, porque las personas necesitan mucho amor. Si logramos que 4 personas se sientan queridas y podamos subirles la temperatura de cero grado a 20 grados, en una noche; puedan dormir dignamente, ya es bastante”.

El fundamento de este servicio es hacerse “prójimos” y cercanos con quienes sufren desde la perspectiva de “padecer con el otro” y, en una relación  con los pobres, no sólo en la sensibilidad o racionalidad, sino en la mirada de fe y de reconocimiento de la dignidad de toda persona humana. Las personas en situación de calle no son “pobrecitos”, sino personas con capacidades, dones y talentos, pero dañadas en su dignidad. No se puede amar a los pobres desde la ausencia o lejanía, sino que se busca escuchar, empatizar y ponerse en el lugar del otro y no servir desde la indiferencia, los miedos o prejuicios. Se trata, en definitiva, servir con ellos y desde ellos, no para ellos.