Chile a la deriva: Colusión, partidismo y descrédito de la política

Los diversos sucesos presentados en torno a la relación entre el dinero y la política requieren por parte de la ciudadanía un análisis profundo y crítico.

E. Sandoval

Desde hace algunos años, las instituciones políticas chilenas han comenzado a reflejar una serie de síntomas tremendamente negativos para la ciudadanía (Caso CAVAL, PENTA, SQM, por ejemplo), producto del comportamiento “éticamente reprochable” de diversos líderes y referentes políticos en los diversos ejes del servicio público (salud, educación, economía, gobierno, etc.), donde el lucro, el afán de poder y el éxito (al mínimo esfuerzo), instalan un clima enrarecido en la ciudadanía, marcado por la desconfianza, la impotencia y el repudio hacia quienes ostentan el poder en nuestro país.

Lo cierto es que en nuestro país se ha instalado fuertemente el tráfico de influencias, el cuoteo político de los cargos de responsabilidad en el servicio público y la mercantilización de las reformas políticas, en que el dinero y los intereses de los grupos de poder, dirigen implícita o explícitamente, las decisiones de los “honorables” que nos representan en el congreso, afectando dramáticamente el sentido de la democracia.

Aunque la mirada parezca catastrófica, basta con revisar los estudios internacionales de diversos organismos (OCDE, UNICEF, CEPAL, OMS, etc.), los que dan cuenta de que las desigualdades sociales en Chile persisten y se ramifican como un tumor cancerígeno sin tratamiento efectivo, llevándonos a un camino sin retorno (o al menos, con un panorama sombrío y complejo, en materia de desarrollo).

En primer lugar, nos asombra la actitud de muchos de los integrantes de los Gobiernos de turno, quienes se muestran absolutamente alejados o desconectados de los problemas de la gente, hablando de crecimiento, igualdad, acceso y calidad de la salud pública o incluso, justificando el alza de precio, de un medio de transporte; cuando nunca han utilizado un servicio de este tipo, puesto que han gozado de muchos de los privilegios de las clases de élite (educación privada, viajes al extranjero, puestos privilegiados de trabajo, “contactos” de primer nivel en el sector productivo público / privado, etc.), evidenciando una pobreza intelectual y una falta de empatía social, hacia la gran mayoría de los chilenos que luchan día a día para mejorar su calidad de vida y/o sobrevivir ante el modelo neoliberal.

En segundo lugar, observamos que este contexto inundado de injusticias, desigualdades y la íntima relación del dinero con la clase política (vínculo que no sorprende), va generando un impacto negativo y tremendamente peligroso para nuestras futuras generaciones. Lo anterior, guarda relación con que los múltiples casos de colusión (pollos, papel higiénico, farmacias, SQM, etc.), partidismo descarado (en que muchos cargos de responsabilidad y de enorme relevancia nacional, regional o local, son ocupados muchas veces por personas que no cumplen los requisitos técnicos exigidos para el puesto) y el descrédito de la política (producto de la falta de autocrítica, el descaro y la falta de ética de los gobernantes), transmiten la idea del éxito fácil, del “pituto” para alcanzar tus metas, la ley del mínimo esfuerzo (en que ni siquiera la formación de pregrado y/o postgrado puede asegurarte la estabilidad laboral, aspecto reflejado diariamente en la fuga del capital humano avanzado, por ejemplo), el egoísmo y el descaro frente al lucro, la probidad (como un factor irrelevante) y la pérdida de sentido por el “servicio público”.

En tercer lugar, creemos que este tipo de mensajes se ve fortalecido ante un sistema judicial que muchas veces actúa de manera laxa ante personajes que tienen cierto grado de reconocimiento público o privado (el caso Larraín, el choque de Arturo Vidal, el caso CODELCO, el tratamiento de la colusión; CAVAL, el supuesto endeudamiento del senador Navarro, etc.), reflejándose en un sinfín de medidas y condiciones accesorias a la privación de libertad. Entonces ¿por qué el robo de traje y corbata es menos cuestionable que el robo que comete una persona desempleada para alimentar a su familia? ¿Cuál es el sentido de justicia ante estas situaciones? ¿Qué naturaleza o formación ética es la que orienta la decisión de los jueces? ¿Existe realmente la independencia y la autonomía entre los poderes del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial)?

Finalmente, nos parece relevante señalar que los diversos sucesos presentados en torno a la relación entre el dinero y la política requieren por parte de la ciudadanía un análisis profundo y crítico, de cara al futuro, que nos posibilite reflexionar respecto al país que queremos dejarle a nuestras futuras generaciones. Asimismo, resulta prioritario que valoremos el sentido de nuestro voto en las futuras elecciones, para que ejerzamos este derecho de manera responsable e informada, buscando la renovación transversal de los gobernantes por ciudadanos que no respondan al clásico partidismo, sino, más bien, a los intereses supremos del desarrollo integral, equitativo y democrático de los chilenos.

[1] Psicólogo. Diplomado en Docencia Universitaria. Diplomado en Salud Familiar (U. de Chile). Magíster en Educación, Mención Políticas y Gestión Educativas. Doctor © en Ciencias Humanas, UACH.

Correspondencia a: eduardo.sandoval@correo.udc.es