Agrupación Abanico cierra ciclo de Kamishibai en escuelas rurales

Durante el primer semestre, integrantes de la Agrupación Educacional y Cultural Abanico viajaron cada semana a cuatro escuelas rurales para realizar una iniciativa que integra la lectura, la escritura, la expresión corporal y la creación. La escuelas de Mississippi y Chan Chan, en San José de la Mariquina, y las escuelas de Bonifacio y Los Molinos, en Valdivia, fueron los establecimientos favorecidos con esta nueva versión del proyecto “Kamishibai: crea, ilustra y lee tu historia”.

En total 58 menores de 1º  6º año básico aprendieron y disfrutaron con una técnica ancestral japonesa, que permite la narración lúdica de cuentos y relatos a un grupo de personas. “Desde que nacimos como agrupación nos ha interesado traspasar las técnicas de narración oral en forma didáctica y entretenida, usando metodologías donde los pequeños y adultos construyen el texto para luego contarlo. Creemos que estas son formas más amigables para fomentar la lectura y motivar el amor por los libros”, explica Frédérique Gudelj, coordinadora de la Agrupación Abanico.

El proyecto Kamishibai fue financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR) glosa Cultura. Además la iniciativa contó con el apoyo de la Red de Bibliomóviles de Mariquina y Valdivia.

Etapas de desarrollo.

El proyecto se ejecutada en fases: en la primera son seleccionados los cuentos que luego serán adaptados a la técnica Kamishibai. En la segunda fase los cuentos son leídos a los estudiantes, siendo previamente motivados en el uso de la técnica japonesa, para descubrirla y analizarla. La tercera fase es de observación y revisión de conceptos relacionados con el género literario del cuento, a través de estrategias lúdicas para su mejor comprensión. En la cuarta etapa los niños y niñas participan en un ejercicio colaborativo para obtener historias locales. En la quinta fase los pequeños y pequeñas ilustran las historias en conjunto, guiados/as por especialistas en artes visuales. En la última fase trabajan la expresión oral a través de técnicas de animación lectora y la expresión no verbal.

“Es una iniciativa de co-creación que busca fortalecer las capacidades narrativas de los pequeños y pequeñas, como también sus habilidades de colaboración, expresión, imaginario y sensibilidad creativa. A su vez ayudamos a descubrir o redescubrir historias locales, con el fin de apropiarse del patrimonio inmaterial del territorio que habitan y transmitirlo en producciones escritas y artísticas”, cuenta Frédérique.

Hace un año atrás, esta iniciativa favoreció a estudiantes de ocho escuelas rurales de Corral, San José de la Mariquina, Paillaco y Valdivia.  En total fueron 170 niños y niñas beneficiadas a través de la técnica japonesa Kamishibai.

La apuesta de Abanico

En la Región desde hace cuatro años un equipo de personas interesadas en el fomento lector trabaja en escuelas rurales de diferentes comunas, interviniendo con proyectos que buscan crear motivación hacia la lectura a niños, niñas y jóvenes. Se trata de la Agrupación Educacional y Cultural Abanico creada por las coordinadoras Mélissa Fricard y Frédérique Gudelj. Desde su gestación, Abanico se ha adjudicado seis fondos púbicos que han sido ejecutados en diferentes comunas. Actualmente la organización cuenta con 16 miembros activos y 45 socios colaboradores y cuenta con el apoyo institucional del Consejo Regional de la Cultura y las Artes, Dibam, Corporación Cultural Municipal de Valdivia y Universidad Austral de Chile.

“Abanico nace para promover e implementar iniciativas educacionales y culturales sobre fomento y comprensión lectora dirigidas a la comunidad regional (esencialmente a los sectores vulnerables de la Región). El equipo de Abanico diseña proyectos colocando especial énfasis en la mediación lectora, en el desarrollo imaginario, en la difusión del patrimonio chileno y en el acercamiento placentero de los niños, niñas y jóvenes hacia los libros y la literatura”, explica Frédérique.

¿Qué es el Kamishibai?

¿Qué es el Kamishibai? Esta palabra japonesa se traduce al español como “drama de papel” y es una antigua forma de contar historias que nace en los templos budistas de Japón en el siglo XII. Allí los monjes usaban “emaki” (pergaminos que combinan imágenes con texto) para narrar textos con enseñanzas morales para una audiencia. Este método renació en los años 20 del siglo pasado y luego queda olvidado con la aparición del televisor. Durante el siglo XXI ha sido revivida en bibliotecas y escuelas del mundo, como una técnica eficaz para fomentar la lectura.