Museo de Sitio Castillo de Niebla en el Mes de la Memoria: una reflexión sobre derechos humanos

Exhibición “40 años de luchas y resistencia” compila afiches en serigrafía que recopilan una experiencia de memoria, organización y movilización desarrollada por Londres 38, espacio de memorias, durante el 2013, que pone en relieve el valor de la vida y los derechos humanos, esta vez incrustado en el carácter histórico del presidio de Valdivia.

La correcta interpretación del Monumento Castillo de la Pura y Limpia Concepciónmisión y visión del Museo de Sitio, es una tarea muy ardua. Empujados por la educación centralizada, los educandos toman conciencia de la historia nacional en desmedro de planes y programas específicos que recojan la rica historia de la ciudad de Valdivia, una de las más antiguas de Chile, sólo anexada militarmente en 1820 y que antes dependía directamente del Virreinato del Perú, en su calidad de Plaza y Presidio.

El desconocimiento de vecinos y visitantes sobre el carácter de presidio del Castillo y su vinculación con la población penal traída desde Lima o Guayaquil por delitos comunes como asaltos, robos o extrañas condenas por «excesos» o desde España algún «europeo sedicioso», traen a mano una memoria invisibilizada. Las condiciones del presidio eran impactantes, el ingeniero Garland en reiteradas oportunidades lo comenta en sus cuadernos, solicitando se entregue cebada añeja a los presos para «que no desmayen en las faenas«.

El foso, baluartes y batería, labrada en la roca misma por mano de obra presidiaria, hace de esta fortificación algo único en toda la América. Su carácter estratégico lo convierte en uno de los puntos obligados para entender el sistema de fortificaciones militares del Mar del Sur y el del estuario del río Valdivia en particular, conjunto que se extendía por al menos 18 puntos desde el Castillo San Luis de Alba de Cruces hasta Ahui en Ancud (Chiloé), hitos internacionales en el entendimiento de las rutas comerciales y las pugnas de poder entre las potencias marítimas de ese entonces.

Los acuerdos de paz entre la población originaria y la Corona española, impulsada por el toqui principal de la Mariquina Juan Manqueante, dieron paso a relaciones de frontera del todo disímiles a las que se efectuaron del río Cruces hacia el norte y hasta el Rio Bueno, por el sur, como desarrolla ampliamente el trabajo de Ximena Urbina.

Vincular al Monumento con su propia memoria histórica, poniendo en valor los espacios donde relegados y presos trabajaron a ración de pan y agua para construir esta monumental obra arquitectónica colonial, reflexionando sobre el valor de la vida y los derechos humanos en cualquier tiempo y lugar es la apuesta del Museo a través de esta exposición «40 años de luchas y resistencia» que estará durante septiembre y octubre en la Casa del Castellano, llamando a la ciudadanía a recuperar su memoria, discutir al respecto como un acto de compromiso mínimo para que nunca más en Chile se repitan actos de tal crueldad e impunidad, recurriendo en cambio a procesos de sanación y libertad mediante el arte.

Peruanos, afrodescendientes, mestizos junto con levas de gentes de todo Chile, eran algunas de las identidades de quienes vinieron en su mala suerte a dejar la vida trabajando la piedra cancagua. Sus nombres apenas han sido rescatados de las listas de presos o reflejados en algunas estadísticas exhibidas al interior de la Casa del Castellano. De ellos sabemos muy poco, quedan apenas los topónimos de Huairona, Chorocamayo o Guacamayo como un recordatorio de su viaje.

Para finales del siglo XIX las fortificaciones ya no cumplían su función de presidio, en cambio, seguían operativas militarmente, como señalara el notable naturalista Philippi en sus relatos de la ciudad. La memoria aparece con nuevos actores, colonos alemanes desplazan a los mapuche de sus tierras, iniciándose un cambio de la estructura social que afectará a Valdivia para siempre.

Pero la historia de represión que vivió la ciudad durante la dictadura militar es sin duda una herida sin cerrar. Neltume, Chihuío, Estancilla, son sólo lugares donde la memoria no pudo ser silenciada. El único detenido desaparecido de Niebla, Pedro Catalán Ojeda, asesinado cuando sólo tenía 17 años, aún no ha podido ser entregado a sus familiares, que a pesar de tanto tiempo no logran ni verdad ni justicia (Cartas de Petición: 1973-1989).

«Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo». George Santayana (La Razón en el Sentido Común).