Alforfón Valdivia: innovador emprendimiento en Los Ríos

img_0600A Sandra Ramírez un día le comentaron que las semillas que un tío tenía en su casa, parecidas al trigo, eran un alimento saludable de alto consumo en Europa, Medio Oriente y Asia. Sin ningún conocimiento, siguiendo su intuición, sembró y cosechó alforfón hasta convertirse en la primera emprendedora en desarrollar este innovador cultivo a nivel nacional. A través de su descubrimiento se convirtió en protagonista de una increíble historia de pasión liberadora. “Este es mi hijo”, cuenta.  

Nueve de sus cincuenta y tres años lleva Sandra Ramírez en su casa de Collico, durmiendo poco pero soñando mucho para poder cumplir con el objetivo que se instaló en su cabeza: sembrar miles de hectáreas y vender alforfón de la mejor calidad posible. Nunca pensó en llegar a ser la productora de este poco tradicional cultivo en nuestro país.

Desconocido por muchos, el alforfón es una semilla proveniente de Asia rica en proteína vegetal y libre de gluten. Altamente saludable, tiene un gran aporte nutritivo que destaca por su excelente sabor, parecido al trigo mote, que se puede consumir como grano o harina. Un alimento con el que se puede realizar un sinfín de preparaciones. Se come como cereal en el desayuno e incluso como ingrediente en pastelería.

 

Esta flor blanca mejora la calidad de salud, ya que sus aminoácidos esenciales y el bajo índice glicémico ayuda a reducir los niveles de azúcar en la sangre, el colesterol y el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, siendo consumida especialmente por diabéticos, celiacos y veganos.

Rusos, franceses, coreanos, japoneses y santiaguinos son los principales clientes de ésta valdiviana, quien tiene su producto por estos días incluso en la Vega Central.

Ya en el 2013, Sandra fue elegida por Banco Estado como la mujer innovadora de Chile y va por más.

Horas de soledad

En el 2007 realizó su primera siembra en La Unión, luego de que su pareja de origen ruso le comentará que las semillas que estaban en la casa de sus tíos eran consumidas en el frío país tanto como nosotros comemos la papá. “Me dijo que era súper básico, rico, energético y que podía ser un buen negocio”, cuenta Sandra, lo que motivó su curiosidad. “Fueron dos años en que me pregunté si esto tenía sentido”, hasta que se decidió a cultivar sin dar pie atrás.

– “Empecé sola creyendo en este sueño. Colocándole energía, fondos, recursos, conversando, aplicando conocimiento científico. No sabía para dónde iba a ir: pa’l norte, pa’l sur. Me subí en una balsa y me tiré para llegar a cualquier puerto no más. Lo único que sabía era que tenía que crecer y que tenía que venderse, pero si me preguntas si alguna vez estaré en Europa dando una charla sobre esto no tengo idea. Pero todo puede ser porque todo está en el universo para recogerlo”, explica segura.

Su segunda siembra fue en La Junta, cerca de Futrono, donde arrendó unas hectáreas carísimas, recuerda: “Sembramos a mano tres mujeres y cosechamos de la misma forma. Fue terrible, terrible. Pensamos que no lo íbamos a desgranar nunca. El siguiente año cosechamos con máquina y por primera vez tuve mis primeros sesenta sacos de alforfón”.

Sandra es técnico agrícola sin haber pasado por ninguna universidad ni instituto. Cuando conversa su carácter imprime una fuerza que armoniza con cada uno de sus cordiales gestos. Es menuda, pero habla con seguridad y no necesita elevar la voz para hacerse escuchar. “Han sido nueve años de paso lento, pero seguro, todo lo que tú me puedes preguntar, te lo puedo responder porqué lo he hecho. Tengo mucho conocimiento, pero poca teoría porque en realidad hay muy poca gente que te pueda informar de esto. Todo lo demás es proactividad”, dice.

̶ “Aprendí porque todo es lógica. Mi pareja me ayudó a buscar fertilizantes porque este no es un producto orgánico, es natural. Yo nunca había sembrado. Solo había visto a mi papá hacerlo cuando era chica. La primera vez que sembramos a mano hice mi primer descubrimiento. Con las marcas que deja el rodillo dejamos las semillas y salió maravilloso. Me enamoré del cultivo por eso: de ver nada, solo tierra, a los quince días ver un manto verde, al mes y medio está todo blanco, es impresionante. Da una flor hermosa. Tengo mucha experiencia ya en el cultivo, te lo digo sin haber estudiado nada relacionado a la tierra. Soy terapeuta, contadora, secretaria, vendedora, pero lo que menos había hecho era cultivar”.

Esta experiencia la ha hecho representante del trigo sarraceno en nuestro país. Título que no se ha querido ganar, pero que el tiempo se lo ha otorgado.

̶” Es mejor no haber sabido que esto era tan difícil. Si vendo un kilo de harina, parto por sembrarlo, cosecharlo, descascararlo, harnerearlo, envasarlo, pesarlo, etiquetarlo, venderlo y hasta hacer la comercialización. Es un proceso largo, ha sido súper duro. Si miro para atrás y veo todo lo que ha significado el desarrollo del negocio, salgo de mi cuerpo y me felicito, me abrazo y me digo que lo hiciste bien, porque yo no lo hubiera hecho”, dice riendo.

Un trabajo a mano donde ella ha sido la protagonista principal: “Han sido horas y horas de soledad. De pensar y de crecimiento espiritual”, reflexiona.

En un comienzo postuló a “Semilla Emprende” de Sercotec, pidiéndole a un amigo ingeniero que la orientará con su idea de proyecto. Lo hizo y ganó.  Se compró entonces una máquina descascaradora traída desde China. “Le escribí al chinito, le dije quiero una máquina y en la marcha me gané un proyecto Corfo”, comenta.

Declaradamente lobbista

Para conseguir resultados Sandra dice que se ha parado donde ha sido necesario y cada vez que puede levanta la mano para dar a conocer su trigo. “Hago lobby”, dice sin tapujos. “No es que me he quedado pegada. Voy a reuniones y digo yo, yo yo”.

̶” Este es mi hijo y lo tengo que educar, encauzar, que se muestre. Hay mucho amor, el alforfón es maravilloso. Este producto la lleva, pero la gente quiere ganar altiro. No quiere quemarse las pestañas, no quiere invertir. No les interesa que se difunda, que la gente comience a comer bien. Es súper potente, al nivel de la soya, pero de mejor calidad. Se puede hacer de todo con él. Y todavía la gente se pregunta si es un buen negocio”.

Hoy trabaja con su hermano y Mónica, su vecina, con quienes apuesta a una relación de confianza para que el trabajo sea de la manera más profesional posible.

̶ʺMe saco el sombrero con mi jefa por todo su movimiento diario de partir en la mañana y acostarse a última hora. Siempre la apoyo y le digo “cualquier cosa me llamas, yo voy a estar” porque soy parte del proyecto y es bonito”, dice Mónica y cuenta orgullosa que le encanta su trabajo, sobre todo durante la floración de la planta.

Desde julio trabajan en una nueva y cómoda sala de proceso en el patio de la casa de Sandra que obtuvieron gracias a los aportes del Programa Regional de Apoyo al Emprendimiento (PRAE) de Corfo Los Ríos y la ayuda de la Universidad Austral.

Además, este año se asoció con una comunidad indígena de Panguipulli donde ya sembró sus primeras semillas. Ahora deben esperar los tres meses que se necesitan para la cosecha. “No quiero chacrear ni desvalorizar el producto y que vengan las lucas. Tiene que ser transversal.  Sé que no puedo sola, pero quiero hacerlo con quién sea. Mayor producción, mejor calidad y más lucas, es así”, comenta Sandra. “Lo único que necesito es tiempo, energía y dinero. Con eso se hacen todas las cosas. Todo es un perfecto equilibrio”.

Mientras tanto, con otros empresarios participan del Abasto de los Ríos, quienes planean tener una comercializadora de productos regionales en Santiago y, asimismo, comercializarlo también en Valdivia.

Sandra ya piensa en hacer un recetario para dar a conocer distintas preparaciones con alforfón y con la Universidad Santo Tomás este 27 de octubre realizarán un taller para celiacos y enfermedades alérgicas alimentarias. 

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

 Todo. Ir al campo, conversar con los señores que van a sembrar, comprar los fertilizantes, no importa si voy en auto, camión, micro, lo que sea.

“Todo es mágico. Creo mucho en Dios, en el universo”, concluye.

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La publicación de este reportaje es parte del proyecto ‘Destinos aptos para la pesca recreativa en Los Ríos’, financiado con recursos del Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social del Gobierno de Chile.

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