Caso Sename. Por Emardo Carrasco, profesor normalista de Valdivia

emardo-carrasco-1-1Soy un profesor normalista formado en un internado durante seis años. Se accedía a esta institución formadora de maestros rurales después de haber obtenido uno de los tres primeros lugares de su promoción de sexto año básico y de rendir un riguroso examen de ingreso. Esto daba derecho a: alojamiento, estudios y alimentación, por cierto muy exquisita  más todo tipo de materiales incluida atención de primeros auxilios para caso de enfermedades y/o accidentes. Si bien es cierto nada fue de hotel cinco estrellas, el ambiente que allí existió  fue de una calidez única de modo que nadie echaba de menos sus humildes hogares, pues casi todos proveníamos de campos alejados y de padres muy humildes, trabajadores, obreros, casi todos de familias muy numerosas, en mi caso, con diez hermanos.

Durante seis años de internado, día a día se nos inculcaba que estábamos siendo preparados para SERVIR  a gente de campo, generalmente vulnerable, por lo que deberíamos ser ejemplo de superación los 365 días del año.

Entonces no es raro que esa hermandad formada en esos SEIS AÑOS DE INTERNADO, alejados de padres, hermanos y familiares, formaron personalidades, mística y lazos indestructibles, tanto que hasta hoy, después de 40 años que se cerraron las Escuelas Normales, aún año a año, nos reunimos para rememorar aquellos inolvidables tiempos de internado allí vividos.

Hoy a mis setenta y ocho años, meditando sobre la partida de más del 80% de mis compañeros egresados en 1958, me siento con la autoridad de opinar sobre el tema que está en el tapete: “Caso Sename”, viendo sólo el caso de esos niños que cada día cometen barbaridades producto del ambiente en el que han sido criados, ambiente en el cual, algo de culpa tenemos todos.

Al parecer aún no han aparecido sugerencias  innovadoras y hasta revolucionarias de solución con una política de Estado nacidas de corazones grandes de padres, madres , hermanos, abuelos, pensando sólo y muy sinceramente en lograr una recuperación de esos seres humanos en formación en un ambiente de AMOR, así con mayúscula, sin importar lo que hayan hecho, sí lo hizo a una edad inimputable, con un personal MUY BIEN PREPARADO, y bien remunerado, en una institución a todo dar donde nada falte y con espacios para todo tipo de talleres, con gimnasio, piscina, biblioteca, salas de estudio de computación, de música, arte, etc., con egreso sólo cuando logre su mayoría de edad, obviamente con alguna especialidad. Las salidas muy controladas por algunas horas y permitidas después de dos o tres años y ganadas por un muy buen rendimiento.

La idea, distinguidas autoridades de Gobierno y Oposición, extrapolando la idea de los resultados de las Escuelas Normales pero ahora con fines de solidaridad y salvación, con quienes, a su modo parecen decirnos ¡Ayuda, sálvennos!, a través en un principio con un Plan Piloto, llevado en alguna región como la región de Los Ríos u otra donde se estime más conveniente , de seguro debería dar resultado como ejemplo para el mundo entero, entregando al país, cientos de jóvenes  egresados año a año, altamente especializados  en alguna disciplina que el país necesite para su más rápido desarrollo. Así como las Escuelas de Oficiales de las Fuerzas Armadas y Carabineros que son ejemplo para muchas naciones del mundo entero.

 A propósito hay quienes dicen que los chilenos vivimos en un país de muchos recursos y que si hubiese voluntad para encontrarle solución a esto se podría destinar gran parte de los recursos considerados a defensa a esta nueva institución que también será de defensa de toda nuestra sociedad solucionando este CANCER  que se está incubando y que ya nos tiene al borde de la locura a todos los chilenos.

No cabe duda que el gran éxito de las Escuelas Normales se debió al estricto régimen de internado.  Entonces, cuando sea llamado a rendir cuentas podré decir: …”Señor, antes de partir deje una idea planteada ahora Tú Señor ablanda el corazón de quienes en mi país toman las decisiones al respecto y en tu infinita bondad sigas diciendo: “Dejad que los niños vengan a mí”-

Emardo Carrasco Velásquez

Profesor Normalista de Valdivia

Ex Director de Escuela España de Valdivia

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