Reflexiones y desafíos educativos de cara a las presidenciales: ¿qué proponen y qué necesitamos?

La educación es uno de los pilares fundamentales que orienta y caracteriza el destino de un país así como sus posibilidades de desarrollo futuro, siendo una de las instancias más relevantes de socialización y enriquecimiento cognitivo de todo niño/a y adolescente. No obstante a lo anterior, pareciera ser que en Chile las diversas reformas escolares generadas desde el nivel central continúan olvidando y postergando la primera infancia, la educación técnico profesional y la autonomía real de los centros educativos, producto de lógicas socio-políticas fragmentarias, cortoplacistas, descontextualizadas y convenientes al modelo económico imperante.

Las Ciencias Sociales no pueden estar ajenas a estos fenómenos de tensión sociocultural que repercuten en la escuela, sobre todo en tiempos de transición política

Como muestra de lo anteriormente descrito, los resultados 2016 del Sistema de Medición de la Calidad de los Aprendizajes (SIMCE) vuelve a recordarnos la brecha existente entre colegios privados versus los públicos, con una diferencia sostenida durante los últimos 10 años de 100 puntos (es decir, los niños/as de escuelas ricas y pobres tienen 2 años escolares de distancia). De esta manera, observamos un espacio y tiempo escolar dominado por una política neoliberal y deshumanizadora, que ha originado y orientado los sufrimientos de muchas personas, y por otra parte, ha perpetuado el enriquecimiento de los grupos dominantes; aumentando el malestar en nuestra sociedad y deteriorando la calidad de vida y oportunidades educativas de millones de personas en el mundo (Stiglitz, 2012).

Desde una perspectiva crítica, resulta importante generar instancias de reflexión y discusión en los diversos ambientes en que nos desenvolvemos como ciudadanos/as (trabajo, grupo de pares, organizaciones civiles, juntas de vecinos, centros culturales o deportivos, academia, etc.) acerca del rol y/o lugar que ocupamos en la construcción participativa y democrática de nuestro país, apuntando a la generación de una verdadera reforma educacional que nos permita acabar con las desigualdades sociales.

En otro plano y con la finalidad de incitar la discusión, nos preguntamos ¿Con qué tipo de educación soñamos? ¿Cuáles son las habilidades necesarias para un desenvolvimiento exitoso en el siglo XXI? ¿De qué manera participo en el proceso educativo de mi hijo/a? ¿Conozco y comprendo el sentido valórico y educativo del centro escolar donde asisten mis hijos/as? ¿Qué naturaleza han tenido las relaciones construidas a lo largo de mi trayectoria escolar formal?.

Creemos que las Ciencias Sociales no pueden estar ajenas a estos fenómenos de tensión sociocultural que repercuten en la escuela. Sobre todo en tiempos de transición política, en que nos acercamos rápidamente a las elecciones presidenciales y en donde los candidatos debieran ser capaces de explicitar con claridad, un programa de gobierno pertinente, relevante y acorde a las necesidades educativas actuales de nuestra sociedad.

A modo de propuesta, existen experiencias investigativas locales[1] que nos permiten caracterizar y reconocer ambientes educativos activo modificantes que despiertan y potencian los recursos personales de todo educando, por parte de educadores/as comprometidos con su profesión (es decir, disfrutan de la posibilidad de enseñar y asumen su práctica profesional de manera desafiante e innovadora), se reconocen a sí mismos/as como verdaderos agentes de cambio en las escuelas (liderazgo pedagógico), promueven cotidianamente con el alumnado una relación positiva educador / educando; incentivan la participación activa de sus estudiantes; reflexionan críticamente acerca de su desempeño profesional y persiguen nuevas instancias de desarrollo profesional (redes de tutorías por ejemplo) y se esfuerzan por desarrollar una pedagogía de la pregunta (motivan al estudiante en la generación de nuevos y complejos saberes, convirtiéndolo en un/a investigador que utiliza y emplea adecuadamente las diversas fuentes de información disponibles, para la solución de los interrogantes que se le plantean, transitando decididamente hacia la autorregulación en el aprendizaje).

Finalmente, realizamos un llamado sincero y franco a los ciudadanos/as para que indaguen y sometan a un análisis profundo los discursos y compromisos que expresen los/as candidatos presidenciales acerca del destino educativo de nuestro país. Estamos conscientes y deseosos de transformar el sistema escolar actual que segrega, estandariza y burocratiza los procesos educativos, para avanzar hacia un espacio y tiempo escolar que potencie verdaderamente la curiosidad, autonomía, pensamiento crítico, creatividad y colaboración en nuestros educandos. Es tarea de todos/as construir un país mejor.

Por Eduardo Sandoval Obando [2], psicólogo.

Correspondencia a: eduardo.sandoval@correo.udc.es

[1] Estas reflexiones y criterios de acción pedagógica forman parte de la tesis doctoral desarrollada por el autor, titulada “El Docente como Mediador Emocional y Cognitivo de Jóvenes en Contextos Vulnerados: Tensiones y Desafíos para la Transformación de la Práctica Pedagógica”.

[2] Psicólogo.Postítulo en Sexualidad y Afectividad (U. de Chile). Diplomado en Docencia Universitaria. Diplomado en Modelo Salud Familiar (U. de Chile). Magíster en Educación, Mención Políticas y Gestión Educativas. Doctor en Ciencias Humanas, UACH. Interventor Clínico en Salud Mental – Atención Primaria.