Personas en situación de calle: Invisibilizados por la sociedad

Por María Belén Medina, docente de la carrera Terapia Ocupacional de la UST, sede Concepción.

Inició una de las temporadas más frías del año y con ella una serie de acciones que benefician a las personas en situación de calle, como es el Plan Invierno que activa cada año el Ministerio de Desarrollo Social y Familia por estas fechas, y que desde año 2012, busca proteger de manera transitoria a las personas en situación de calle con alternativas de alojamiento como albergues, rutas sociales, rutas médicas y refugios que puedan mitigar los efectos negativos de las bajas temperaturas en la salud de estas personas.

Si bien año a año se conoce que las cifras de personas que pernoctan en la calle van en aumento, no se pueden dejar de lado las razones por las cuales la población más vulnerable siente rechazo de parte de una sociedad que los señala por estar expuestos no solo a la pobreza sino al consumo de drogas y alcohol.

Desde el mes de octubre del año 2018, las alternativas de hospedaje y prestaciones de calidad que son parte del Plan Invierno del estado han entregado respuesta a las necesidades de techo, alimentación y abrigo para las personas en situación de calle de la región y del país, atención que ha activado además el uso de las redes sociales con la intención de alertar si hay personas en la calle y disminuir de esta manera el porcentaje de personas que mueren de frío durante el invierno.

A partir de este análisis es importante cuestionarse qué pasa el resto del año con las personas en situación de calle, pues como sociedad hemos logrado invisibilizar una serie de situaciones que cotidianamente se repiten hasta llegar a naturalizarse; una de ellas podría ser la situación calle.

Históricamente hemos vinculado esta situación con una serie de características como la indigencia, mendigar, pedir limosna, ser pobre, entre otros. Lo que no dimensionamos es que cualquier persona podría llegar a encontrarse en esta situación de manera transitoria o permanente, independiente de la situación socio económica, apellidos, profesión, nivel educativo e historia de vida de cada persona.

Y la respuesta es que el resto del año no las vemos, no existen para nosotros y al no ser capaces de darnos cuenta que el fenómeno de la situación de calle no se soluciona con hospederías, albergues, refugios o el esfuerzo de la ejecución de programas durante 4 meses; la solución está en nosotros, en cada integrante que conformamos esta sociedad.

¿Qué podemos hacer? Por ejemplo, participar activamente en eliminar estigmas que surgen en torno a personas en situación de calle, y dejar de asociarlos siempre con pobreza, mendicidad, indigencia, drogadicción entre otros. Disminuir los prejuicios y la discriminación y darnos el tiempo para conocerlos, entregar una sonrisa, comprometernos a crear empatía, sensibilización respecto al tema sin caer en la caridad y el asistencialismo o paternalismo.

Además de visibilizar la situación de calle a través del acceso a oportunidades de superación cuando estén a nuestro alcance, pero también con acciones más concretas que promuevan la confianza en el proceso de cambio, el respeto por sus decisiones y sus procesos personales, un buen trato y no menos importante, a contribuir a que cualquier persona independiente de su situación sea protegida en el cumplimiento de sus derechos como ser humano para una vida con dignidad.

Este es el gran desafío que tenemos hoy en día, complementar el trabajo que se realiza actualmente con el fenómeno situación de calle y con el aporte de cada uno de nosotros para poder disminuir la exclusión social, no solo en época de lluvia y de frío sino todos los días del año.