“Una sociedad que no lee, muere”

Por Bernardo Berger Fett, diputado de la República de Chile

No es novedad que en el país los niveles de lectura y comprensión son bajísimos. Hay estudios que revelan que el 54% de los chilenos nunca ha leído un libro por cuenta propia.

Preocupante. Una sociedad que no lee difícilmente entenderá su entorno; está desprovista de la riqueza del pensamiento crítico, lógico y creativo, de la opinión fundamentada, del conocimiento en su total expresión.

Sin  lectura perdemos la profundidad de las ideas y la capacidad de entendernos. El filósofo español Emilio Lledó (1927) sostenía en una entrevista que “la lectura nos acompaña durante toda la vida y hay que fomentarla desde el primer momento. La muerte de una sociedad es la muerte de la lectura. Una sociedad que no lee, muere”.

Ahora, tampoco es secreto que uno de los factores por los cuales la población no está leyendo es por la dificultad de acceder a los textos.

Es que los precios son altos en relación a los ingresos de las personas. En chileno: los libros son harto caros.

Una buena parte del precio alto lo constituyen los impuestos. Algunos me contra-argumentarán que los países desarrollados tienen impuestos en los libros y la gente lee igual. Y sí, es cierto, pero a medias, porque son tributos diferenciados.

Chile es uno de los pocos países que no tiene exención o rebaja impositiva al libro. Más todavía: tenemos uno de los gravámenes más altos del mundo. A modo de comparación: Bélgica tiene un IVA general del 22%, pero sólo 6% para los libros; en España el tributo general es del 15% y el de los libros de 3%. Otros derechamente no aplican, como Gran Bretaña, Corea, Rusia e Irlanda.

Tomando en cuenta lo perjudicial de no leer, presenté un proyecto en marzo para pedir al Ejecutivo la exención del IVA al libro o, en su defecto, tasas impositivas diferenciadas. Fue aprobado por la Cámara hace poco con 122 votos a favor y 20 abstenciones. Pasó ahora a manos del Ejecutivo para evaluación y patrocinio.

A la luz de lo expuesto, que seamos uno de los países con los libros más caros, y a la vez pretendamos el desarrollo nacional sin leer ni entender, es una paradoja. En esta materia, para partir en serio, el Estado necesita coherencia, y la población, libros más baratos.

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