“La importancia e impacto del consumo local”. Por Karin Yévenes, docente Santo Tomás Concepción

El Consumo local, se establece en base a fundamentos que son evidentemente económicos, y cuyo modelo tiene orígenes históricos en el sistema de producción feudal. Al describir nuestra situación actual, debemos entender esta base, donde si bien no existía la esclavitud como tal, sí se daba una relación entre el “señor feudal” y los siervos o vasallos que funcionaba de manera similar.

Considerando este proceso histórico, la tendencia siempre es evolucionar con el tiempo. Y en ocasiones, esta evolución y cambio es impulsada por situaciones coyunturales, crisis, nuevas tendencias o nuevas necesidades.

Lo importante es comprender que la estructura social y económica no es estática, y allí nace la pregunta: ¿Cómo enfrentamos esta situación?

El comercio local no está ajeno a esta realidad social y a los cambios que la sociedad muestra. Y si bien no existe una responsabilidad directa, han sido afectados en gran manera locales emblemáticos de la ciudad penquista, saqueados, destruidos e incluso quemados, sintiendo la economía local un gran golpe junto a esta crisis, que obligó a los comerciantes a permanecer en pausa por muchos días.

Entonces surgió la disyuntiva, entre el válido anhelo de una sociedad  más igualitaria y justa, con mejores pensiones y mayor calidad en salud y educación, pero acompañada del miedo a que esa lucha implique una recesión económica que termine por acabar con muchos negocios.

Y esto repercute en dos ámbitos. Primero, el ámbito macroeconómico, en el cual se toman decisiones políticas, las que regulan las relaciones económicas entre ciudades, países o grandes consorcios.

Aquí tenemos la consideración de aranceles, apertura de mercados, regulaciones del capital extranjero, entre otros, y el peso chileno es uno de los grandes derrotados, pues el dólar pegó un gran salto en el mercado local y ha cerrado en valores históricos con su valor más alto desde 2003. Y luego, en el nivel microeconómico, que es la actividad económica en sí misma donde las personas y familias generan el consumo en su esencia, y donde las personas podemos otorgar valor a las cosas, no solamente monetarios.

Entonces, ¿cómo se recupera la confianza en el comercio? La respuesta está cerca de nuestras casas, donde el negocio de barrio ha resurgido. Y no es que no estuviera, sino que muchos elegíamos el supermercado, también inserto en los barrios, buscando las ofertas más convenientes o la comodidad.

Pero fueron estos almacenes los que nos abastecieron en los días que los supermercados permanecían cerrados y quienes brindaron la tranquilidad, al continuar atendiendo mientras la seguridad lo permitiese.

Por otro lado, la Navidad, es una fecha importante para reactivar el comercio local y recuperar la confianza, muchas veces destruida por aquellas grandes empresas que se coluden en precios y que, muchas veces, obligan al cliente a consumir, puesto que cubren nuestras necesidades más básicas.

La buena noticia es que poco a poco vemos, sobre todo en las últimas semanas, que los pequeños locatarios ya han podido cerrar hasta más tarde sus negocios, esperando que de aquí a fin de año, exista recuperación en sus ventas.

El llamado para los comerciantes hoy es a honrar esta confianza construida y recuperada. No subir los precios, sabiendo que debido a esta crisis social aumentó el valor del dólar y la UF y muchos productos que ofrecen son importados y han tenido un alza en sus valores. Aun así, se espera que no exista especulación y puedan mantener precios regulares.

Karin Yévenes, docente Carreras área Administración, Santo Tomás Concepción

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