Atender la Ciberconvivencia de nuestros hijos en Vacaciones

Por Sergio Rubilar, coordinador y docente, diplomado en Gestión de la Convivencia Escolar UST Concepción

La época de vacaciones, para muchos padres, madres y apoderados, se transforma en un tema de bastantes complicaciones. En gran parte por el literal desajuste en la rutina que les produce tener a los más pequeños todo el tiempo en casa, lo que implica reajustar horarios o golpear puertas para que algún familiar asista en la tarea.

Esto, sumado a la mayor conflictividad a nivel laboral o familiar, impulsa muchas veces a conceder espacios de confianza algo resignada a los hijos y abiertamente descansar en la aliviadora pantalla digital. En esos momentos de tensión, esta aparece encumbrada, magnánima y “amiga”.

Porque, si bien muchos adultos afirman que les perturba la masificación excesiva de estos dispositivos en la vida de sus hijos, no dejan para nada de lado su implementación en el diario vivir. Esto no se trata de demonizar la tecnología, pues es una gran herramienta, sino de constatar que cada acto tiene inevitablemente una consecuencia.

De este modo, si bien el uso de dispositivos electrónicos puede ser positivo y beneficioso, lo que en este caso podemos considerar como negativo es la forma en que los ocupamos y sobre todo, lo que hacemos finalmente con ellos. Y más aún, cómo entendemos el rol que tienen en la vida de las nuevas generaciones.

Es preciso constatar, de una vez por todas, que nuestros niños y jóvenes utilizan sus pantallas para desarrollar parte no menor de sus vidas y en el contexto social que estas conllevan, ciber-convivenciar activamente con otros. Así, tal cual los adultos configuramos nuestras relaciones con los aportes vivenciales de otras personas, de manera directa y presencial, nuestros jóvenes lo hacen también, pero por medio de sus pantallas.

Debemos dejar de entender este tiempo incremental frente al cristal líquido como un tiempo muerto, aceptable por su colaboración a nuestra necesidad de darles un quehacer que no perturbe nuestras propias actividades.

Debemos entender que, en medio de esa actividad aparentemente inocua, se incuban posibilidades relacionales de riesgo no solo para su integridad física y psicosocial personal, sino también para el desarrollo de hábitos negativos de expresión, sobreexposición o difusión de contenidos inapropiados.

Las clásicas y nefastas funas a compañeros o compañeras de curso pueden estar al alcance de sus manos, en un simple movimiento. Asimismo los delitos cibernéticos, donde aparecen el phishing, sexting, grooming o el outling. Términos que pueden parecer lejanos, pero al traducirlos como estafa cibernética, usurpación de nombre, publicación y venta de imágenes privadas, abuso sexual sin contacto (o inicialmente así…)  o entregar información digital de alguien traicionando confianzas, se transforman en alertas que no podemos dejar pasar.

Debemos recordar que varios casos de acoso escolar se incuban en plenas vacaciones, generando dolorosas consecuencias al iniciar el año escolar.

Es entonces cuando cobra relevancia el cómo entendemos el impacto de estas tecnologías en las relaciones y desarrollo personal de niños y niñas. Como padres, madres o adultos a cargo, debemos comprender que mucho del tiempo invertido en las pantallas por parte de niños, niñas y jóvenes derivará en el desarrollo de patrones relevantes de la personalidad individual y social a definirse para la vida de los jóvenes usuarios de estas herramientas. No lo olviden nunca. Muchos saludos y ánimo.

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