El juego en casa como herramienta de estimulación cognitiva-lingüística

Por Sandra Vásquez, fonoaudióloga, académica Universidad Andres Bello 

Las ventajas del juego en la infancia son infinitas. Es una actividad fundamental en el desarrollo de los niños tanto a nivel cognitivo-lingüístico como social.

Por eso frente a medidas como la suspensión de clases y el cierre de centros comerciales y de entretenimiento por el Covid19, la recomendación es dejar de lado por un rato la TV y el computador para simplemente jugar.

El juego permite aprendizajes significativos, estimulando habilidades neuropsicológicas como la atención, memoria, funciones ejecutivas y lenguaje.

Además, a través de él se desarrollan habilidades socioemocionales como la empatía y el fortalecimiento de lazos afectivos.

Alternativas hay varias y no requieren más que lo que habitualmente tenemos en casa:

Juego de roles: les permite practicar diferentes roles y ponerlos en diversas situaciones en las que pueda construir conocimiento socioemocional, además, requiere el uso y comprensión del lenguaje. Un ejemplo de juego sería “comprar en la feria” simulando ser el comprador y/o vendedor. Es fundamental el lenguaje apropiado para cada una de las situaciones.

Para este ejemplo, el adulto puede disponer de alimentos que tenga en su cocina, ordenarlos en una mesa y entregarle al niño un canasto para que los vaya guardando.

Se pregunta al niño qué desea comprar solicitándole que nomine cada uno de los elementos. Se puede aprovechar este juego para trabajar otras habilidades lingüísticas, por ejemplo, pidiéndole al menor que pague los alimentos segmentando y/o contando sus sílabas y, si es muy fácil para él, pedirle que mencione la primera sílaba de cada palabra. Otras ideas de roles podrían ser jugar al profesor y estudiante, doctor y paciente, el papá y la mamá, entre otros.

Juego “veo veo”: esta actividad consiste en tomar una imagen u objeto y, sin que el otro jugador lo vea, deberá describirlo desde las características más generales a las más específicas hasta que su contrincante lo descubra. Permite organizar la información mental y utilizar el lenguaje para la descripción.

Crear cuentos a partir de imágenes y/o juguetes: los participantes pueden desarrollar una historia a partir de los elementos que se vayan presentando, estimulando su discurso narrativo.

Una buena idea sería que la creación del cuento la comience el adulto, ya que de esta manera le muestra al niño cómo hacerlo. Al finalizar el cuento, el adulto puede realizar preguntas al menor para observar cómo está su comprensión con relación al relato.

Un ejemplo sería preguntarle cómo se sintió el personaje o qué habría hecho él, permitiéndole, además, el desarrollo de la comprensión socioemocional y empatía. Posteriormente, se invita al niño a que continúe la historia o que invente una nueva y, así poder apreciar cómo organiza sus ideas al momento de expresarse.

Mímica: permite desarrollar el lenguaje no verbal mediante la promoción del uso de gestos. Un ejemplo de juego con los más pequeños sería jugar a descubrir cuál es el animal que se está imitando.

Adivinanzas: favorecen la asociación de ideas y conceptos, además de estimular la imaginación.

Rompecabezas y/o Memorice: permiten el desarrollo de otras habilidades neuropsicológicas como la atención sostenida. En el caso del Memorice, favorece, además, la estimulación de la memoria visual y el respeto de turnos no verbal.

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