¿Cómo funciona el streaming?

Las plataformas de streaming han cambiado la manera en que el usuario consume contenido audiovisual a nivel mundial.

Desde el streaming de los eSports, que progresivamente han ido ganando popularidad, hasta los servicios más famosos como Netflix, que ofrecen algunas de las películas y series más notables de los últimos años.

Los estrenos más esperados ya no se ven en el cine, ni hay que guardar colas para comprar el último disco. Ahora se puede disfrutar de ellos desde el salón de casa.

Además, no solo ofrecen grandes éxitos, esos de los que se habla en las cenas de familia, en el café del trabajo o alternando con los amigos —vivir al margen de las plataformas de streaming es quedarse fuera de muchas conversaciones—, sino que estas plataformas cuentan con un amplio abanico de posibilidades de consumo audiovisual apoyadas en algoritmos matemáticos y grandes cantidades de datos que permiten adecuar la oferta a cada suscriptor de manera individual.

Asimismo, el consumo audiovisual ya no está sujeto a horarios, ya que plataformas como Netflix además de permitir la reproducción de contenido en cualquier momento y en cualquier lugar, ponen a disposición del público temporadas completas de sus series, en vez de ir estrenando capítulo a capítulo, semana a semana.

Pero ¿cómo funciona exactamente el streaming? Los inicios de la reproducción de vídeo o música a través de internet, aunque revolucionarios, fueron tediosos: el acceso a contenido audiovisual requería de una descarga que no era rápida, la calidad era incierta, y la industria tenía que lidiar con la constante vulneración de los derechos en contra de la explotación de sus productos.

El streaming, sin embargo, no solo ha conseguido poner cotas naturales a las descargas ilegales gracias a sus tarifas accesibles, sino que además permite la visualización en directo de programas sin necesidad de descargarlos previamente en el ordenador.

Esto se debe a que el streaming descarga sin almacenar los archivos a reproducir en tiempo real, pieza a pieza, en un flujo constante de trasmisión de datos. Además, para que la información llegue de forma rápida a todos los usuarios, las grandes empresas de streaming han optado por crear redes de distribución de contenido CDN (Content Delivery Networks), en lugar de almacenar su contenido en un solo servidor.

Los CDN son redes de servidores que permiten suministrar estas descargas incluso en las zonas con mayor densidad de población sin que se ralentice la reproducción. Por supuesto, para que esta sofisticada infraestructura funcione ha hecho falta que la conexión a internet evolucione y el ancho de banda sea mayor que hace un par de décadas.

Sin duda la industria del streaming se ha colado en las vidas cotidianas del mundo entero y ha cambiado la forma de ocio tal y cómo hizo la televisión hace 70 años. Y la industria evoluciona: videojuegos en streaming son el próximo gran reto, y ahorrará a los consumidores tener que comprar videoconsolas de cientos de dólares para jugar a los videojuegos más punteros.