Erizos magallánicos podrían no sobrevivir a la combinación de calentamiento global y escasez de alimentos

Un equipo de investigadores realizó experimentos en los que sometió a dos especies a temperaturas que simulan escenarios futuros de cambio climático. Los resultados fueron publicados en la revista Science of the Total Environment.

El erizo rojo (Loxechinus albus) y el erizo enano (Pseudechinus magellanicus) son dos especies marinas que, si bien tienen una distribución diferente a lo largo de Sudamérica, convergen en la zona sur de la Región de Magallanes, siendo este lugar el hábitat de temperatura más baja donde ambos géneros comparten un mismo ecosistema.

A raíz de esto, un equipo de investigadores realizó diversos experimentos con el objetivo de determinar cómo estas dos especies responden no solo al aumento de la temperatura de los océanos, sino a uno de los efectos indirectos generado por el cambio de temperatura: la falta de alimentos para los organismos marinos. Los resultados fueron publicados en la revista científica Science of the Total Environment.

Considerando el acelerado proceso de calentamiento global, se prevé un importante aumento en la temperatura del mar, lo que traería consigo una serie de consecuencias e importantes cambios asociados a las relaciones entre especies que podría generar una escasez de nutrientes para algunos organismos.

El estudio estuvo a cargo de la ecofisióloga Dra. Camille Détrée, postdoctorante del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL) de la Universidad Austral de Chile (UACh), quien evaluó la estrategia de estas dos especies de erizo frente a supuestos escenarios de cambio climático.

Los ejemplares fueron sometidos por 60 días a dos factores de estrés, relacionados con el aumento y disminución de la temperatura y escasez de alimento. Además de ello, se analizó su respuesta fisiológica y capacidad de oxigenación, sumado a la expresión de genes asociados al metabolismo frente a esas condiciones.

Las dos especies fueron expuestas a distintos factores: un tratamiento cálido (14°C, correspondiente a las predicciones para el calentamiento del océano en la región), un tratamiento frío (1°C, correspondiente a temperatura promedia de verano en Antártica), y a una restricción de nutrientes, con un aporte de la mitad del alimento que consumen.

“Quisimos ver cómo se afectaba su energía total, debido a que cuando el erizo busca alimento y lo consume va ganando y perdiendo parte de este componente. Ambos géneros necesitan un porcentaje que les permita crecer y reproducirse”, explicó la Dra. Détrée.

La investigación determinó que ambas especies responden de manera satisfactoria ante un aumento de temperatura de los océanos. Sin embargo, la escasez de alimentos asociada a este fenómeno influiría negativamente en L. albus y P. magellanicus, debido a que no tendrían la suficiente energía para poder crecer y reproducirse.

Este panorama desfavorable afectaría especialmente al erizo rojo, puesto que actualmente es extraído a nivel comercial desde la Región de Los Ríos hacia el sur. En la Región de Magallanes, su periodo de veda es desde agosto a febrero. “En el caso del L. albus, esta especie tendría además una presión externa debido a su pesca”, manifestó la investigadora.

Los erizos también fueron sometidos a temperaturas mínimas, considerando una posible migración hacia el continente blanco, en un escenario donde la Corriente Circumpolar Antártica no sea un impedimento para la entrada y colonización de estas especies. Sin embargo, los ejemplares mostraron una mayor tasa de mortalidad bajo estos niveles de estrés ambiental.

“Las mediciones de ingestión, absorción y respiración permitieron determinar el presupuesto energético de las dos especies de erizos, información clave para conocer si tendrán éxito en un determinado ambiente. Además, junto al conocimiento de la expresión génica, hace de este estudio una poderosa herramienta para determinar la capacidad para enfrentar escenarios proyectados según modelos de cambio climático”, concluyó el Dr. Jorge Navarro, académico del Instituto de Ciencias Marinas y Limnológicas de la UACh, investigador del Centro IDEAL y co-autor del estudio.